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¿Qué es el Estado?¿Y el Estado de Derecho?


Tradicionalmente el Estado se  ha entendido como el ejercicio de un poder soberano sobre un determinado grupo de personas y en el marco de un determinado territorio.

Si bien el poder político se ha organizado y articulado a lo largo de la historia de diferentes maneras, a partir de los siglos XIV y XV concurren una serie de elementos políticos, sociales, culturales y económicos que permiten comenzar a manejar este concepto.

Uno de esos elementos es la noción de soberanía. El Estado moderno es un Estado soberano desde el momento en que supone la concentración de todo el poder que se ejerce sobre una población dentro de un territorio en unas únicas manos.

El Estado soberano no reconoce superior. Y sólo reconoce como iguales a los otros Estados con los que establece relaciones a través de las cuales se ha articulado durante siglos el Derecho internacional. La idea de soberanía implica la concentración y monopolización de determinados procesos: monopolio en el uso legítimo de la fuerza, en las relaciones internacionales, en la producción jurídica o en la producción de moneda. Hoy en día, esta noción está en entredicho, a la vista de la evolución del Derecho internacional, como se verá más abajo.

El Estado de Derecho

Cuando hablamos de Estado de Derecho estamos haciendo referencia a un específico modelo de Estado. En este sentido conviene aclarar que el Estado de Derecho no es el Estado con Derecho. Todo Estado produce Derecho, con independencia de su carácter más o menos liberal, autoritario,  o democrático. Así, lo que permite reconocer al Estado de Derecho como tal y distinguirlo de otros modelos de Estado es  la específica relación que dentro del mismo se produce entre el Derecho y el poder. El Estado de Derecho es aquel modelo de Estado en el que el poder se ejerce en el marco del Derecho, es decir de acuerdo con lo que establecen las normas jurídicas, Y a través del Derecho. En este modelo el poder político está limitado por el Derecho. La idea del límite es esencial para entender el significado el Estado de Derecho. Pero ese límite es funcional, está encaminado a lograr determinados objetivos. Es decir, la razón de ser del límite es la garantía de la libertad, de los derechos de los individuos.

Elementos del Estado de Derecho

De esta manera los distintos elementos del Estado de Derecho deben entenderse como límites a la acción del poder. Dan sentido al Estado de Derecho, esto es la garantía de la libertad. Estos elementos son:

Son los derechos y libertades reconocidos jurídicamente y garantizados efectivamente los que dan sentido al Estado de Derecho.

De manera que, podemos afirmar, el Derecho del Estado de Derecho no es cualquier Derecho, sino aquel  Derecho que por una parte está protagonizado por los derechos y libertades (normalmente de naturaleza constitucional) y por otra está encaminado a su garantía. .

A partir de ahí nos vamos a encontrar con diferentes modelos de Estado de Derecho en función de los tipos de derechos que sean reconocidos y garantizados.

Así, en términos generales, el modelo liberal es aquel que centra su atención en los derechos individuales respecto a los cuales se reivindica la legitimidad de un Estado abstencionista. Un modelo social por su parte será aquel que propugna la satisfacción de derechos sociales. Y para ello considera legítima la intervención de los poderes públicos. Mientras que un modelo democrático es aquel comprometido con la profundización de los mecanismos a través de los cuales se materializa la efectiva participación ciudadana en la gestión de los asuntos públicos.

Es importante poner de relieve que estos modelos no se deben entender como necesariamente contradictorios y excluyentes. Más bien, su articulación se debe entender de manera complementaria. Esta es la lectura que permite entender el sentido de las cláusulas  de la Constitución española de 1978 referidas a los derechos fundamentales.

La evolución del Estado

El concepto de Estado es, por otra parte, un concepto histórico. Quiere decirse con ello que surge en un determinado contexto, a partir de la confluencia de diversos factores en ocasiones heterogéneos y que se encuentra en evolución.

Un ejemplo que nos muestra en qué sentido el concepto de Estado es un concepto histórico es el que encontramos cuando intentamos entender el sentido de determinados procesos de integración política y jurídica actuales como puede ser el constituido por la Unión Europea.

En efecto, si intentamos analizar  los rasgos característicos de la integración europea observamos que los Estados miembros han renunciado a competencias y prerrogativas que durante siglos han caracterizado su sentido y su actuación. Pensemos en la progresiva renuncia a aspectos básicos de la soberanía como los que tienen que ver con la producción de moneda y la fijación del valor de la misma, de un lado. Y con el monopolio en la producción jurídica. Hoy, en Europa, la autoridad monetaria está constituida por el Banco Central Europeo  que es el encargado de fijar el valor del euro. De esta manera los Estados miembros han renunciado a una cuota de poder muy importante que durante siglos les ha permitido, por ejemplo, tomar medidas consistentes en la devaluación de las monedas nacionales.

Por otra parte hay ámbitos muy importantes de los ordenamientos jurídicos de los países miembros en los que un buen número de normas no están dictadas por las respectivas instituciones nacionales sino por instituciones europeas como la Comisión o el Parlamento europeo. Eso supone la renuncia a un aspecto tan importante de la soberanía como el constituido por el monopolio de la producción jurídica.

A lo anterior cabe añadir que a lo largo del siglo XX se ha producido una apertura por parte de los Estados a instituciones y organismos internacionales que incluyen tribunales y órganos jurisdiccionales cuyas sentencias son de obligado cumplimiento para los Estados que reconocen esas jurisdicciones. Pensemos, por ejemplo, en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea o en los tribunales que forman parte de los sistemas regionales de protección de los derechos humanos como por ejemplo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos o la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Estamos frente a ejemplos que nos demuestran una progresiva renuncia por parte de los Estados a componentes básicos de la idea tradicional de soberanía. Lo cual no  nos impide seguir reconociendo al Estado como un imprescindible actor político pero con unas competencias y posibilidades muy distintas a las que caracterizaron hace más  de cinco siglos el proyecto originario.

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Updated on 21 June 2021

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