¿Qué es la igualdad?

Tal vez podamos comprender el alcance de este concepto a partir de su opuesto, la desigualdad. El hecho de la desigualdad ha sido vertebrador desde los orígenes de la humanidad. En el desarrollo de las diversas civilizaciones, culturas e imperios que han construido nuestra historia, la desigualdad se ha aceptado, por lo general, alegando motivos económicos, religiosos, étnicos o sexuales que justificaban diversas formas de esclavitud y sometimiento. Desgraciadamente, predominaba la idea de que es mucho más lo que separa que lo que nos une. 

No fue hasta la modernidad cuando empezó a plantearse sólidamente, y en clave secular, la vieja idea ecuménica de una igualdad [la igualdad del género humano], una igualdad asentada en lo que nos define como seres humanos: la razón [no asentada sobre una creencia religiosa, sino sobre la detentación de una misma capacidad específica: la razón]. Bajo diversos conceptos análogos, alma, espíritu, mente o inteligencia, emerge la visión de que en los seres humanos el color de piel, la riqueza, el sexo o la creencia son aspectos secundarios que no deben afectar a lo esencial, a la naturaleza humana. Fundamentalmente, en el siglo XVIII, las teorías de autores como D´Holbach (1723-1789), Diderot (1713-1784) o Condorcet (1743-1794) desplegaron argumentos que defendían la igualdad de los hombres y, asimismo, que las diferencias y desigualdades eran fruto de prejuicios sociales ocasionados por la ignorancia, el interés egoísta y el absolutismo político. Estos pensadores promulgaron la igualdad entre hombres y mujeres, la igualdad de derechos de las personas pobres, de quienes estaban esclavizados e, incluso, la de las personas que estaban sometidas a imperios extranjeros.

Sin embargo, no es hasta el siglo XX y debido, en parte, a la influencia política de discursos filosóficos, como el de Marx y otros teóricos del socialismo, cuando los discursos defensores de la igualdad entre seres humanos empiezan a hacerse realidad y a plasmarse en las Constituciones. Por supuesto, ligada a la progresiva realización efectiva de la igualdad está la consolidación de la democracia. Avances como el sufragio universal, la creación de un sistema educativo público y universal y, en estrecha relación con esta, la lucha contra el analfabetismo, significan avances importantes en su realización.

Mención aparte merece, por su importancia y por las dificultades que encuentra, la consecución de la igualdad de género. Pese a que el movimiento feminista ha logrado que sus reivindicaciones estén en las agendas de la mayoría de gobiernos, así como de las Naciones Unidas, aún queda mucho por hacer. En los países definidos por un Estado social y democrático de derecho consolidado, acabar con la brecha salarial, el techo de cristal y la violencia de género; en el resto de países, aún en vías de desarrollo y sometidos a sistemas políticos autoritarios, el acceso a una educación integradora y de calidad, la inserción de las mujeres en el mercado laboral o la erradicación de la violencia sistémica ejercida contra ellas. En los análisis sobre las situaciones de discriminación e inequidad, una perspectiva crítica en las ciencias sociales (esto es, cercana a la filosofía o a cierta filosofía) ha incorporado la noción de interseccionalidad. En esta perspectiva las diferentes formas de desigualdad interaccionan. Se puede ser objeto de machismo y al mismo tiempo de racismo. No será lo mismo el alcance de la homofobia (aunque sea siempre una mala cosa), en determinadas situaciones socioeconómicas que en otras, etc.

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Updated on 17 August 2021

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